Ene
26
2012

Los discos censurados del franquismo

La censura franquista tenía poder. En 1972 era capaz de obligar a los Rolling Stones a preparar una portada alternativa para el primer elepé del grupo en su propio sello, Sticky fingers (literalmente, Dedos pegajosos). La prevista, obra de Andy Warhol, ofrecía una foto del pantalón vaquero de Joe Dallesandro, con la particularidad de que la cremallera se podía bajar y se veían los calzoncillos del actor. Para España se utilizó una imagen de unos dedos que salían de una lata de melaza. Inevitablemente, la edición española -donde también se reemplazaba la dramática Sister Morphine por Let it rock- se convertiría en objeto de deseo para coleccionistas del mundo entero.

Los señores censores daban mucho trabajo a los departamentos de diseño de las disqueras españolas. En el libreto de Quadrophenia se mostraba el dormitorio del protagonista, con una pared cubierta con fotos de desnudos. Dado que The Who era un grupo vendedor, alguien tuvo que “vestir” a las descocadas modelos. Más perverso fue el tratamiento aplicado a Some time in New York City, el doble elepé de unos John Lennon y Yoko Ono radicalizados. La funda imitaba la primera página de The New York Times, con columnas ocupadas por las letras. Aparte de eliminar fotos, en la edición española, los textos fueron reemplazados por garabatos sin sentido.

No se libraba nadie. Los Brincos, grupo modélico bien conectado con el régimen, vio proscritas sucesivamente dos portadas pensadas para lo que sería su disco final, Mundo, demonio, carne. Una de ellas era un retrato del notable pintor hiperrealista Claudio Bravo, pero ¡estaban desnudos de cintura para arriba! Los Canarios también tuvieron sus encontronazos, aunque cantaran en inglés. Sus letras eran “tendenciosas”, sentenció el cancerbero encargado de escrutar el elepé Libérate! Ya en 1968 se manifestaba la capacidad de Teddy Bautista como encantador de serpientes, si hemos de creerle. Enfrentado a la posibilidad de que prohibieran lo que se convertiría en su máximo momento de gloria, Get on your knees, Teddy desvió la atención de una letra que sugería una felación. Contó a los censores que pretendía “bajarle los humos” a una altiva británica a la que había conocido en Ibiza, que despreciaba todo lo español. Así se coló Get on your knees, por un alarde de patriotismo genital. Que conste que el editor del disco, el productor Alain Milhaud, no recuerda semejante contencioso.

En contra de la caricatura de funcionarios cenutrios, algunos de estos guardianes de la moral hilaban fino. Detectaron la metáfora erótica de la serpiente de Jim Morrison en la grabación de los Doors Crawling king snake. También interpretaron correctamente la referencia a la vagina en I’m a king bee, el clásico de Slim Harpo. Exhibían conocimientos de la jerga hip cuando se empeñaban en rechazar una pieza de Ray Charles. Se enzarzaban en disquisiciones teológicas a partir de Jesus Christ Superstar, cuya banda sonora fue finalmente autorizada.

Valiño ha identificado a los temibles cuatro censores e incluso llegó a conversar con dos de ellos. Sus perfiles resultan insospechados: uno de ellos, exiliado tras la Guerra Civil, supuestamente había sido oficial del Ejército Rojo y, de vuelta en España, consiguió entrar en el ministerio por su conocimiento del ruso; otro tenía vocación literaria y aseguraba que rompió con el régimen cuando le impidieron la publicación de un libro, refugiándose en Francia. Carecían de motivaciones ideológicas: era “un trabajo más”.

El sello Hispavox sufrió una de las más humillantes intervenciones de la censura. La distribuidora poseía los derechos para España de uno de los éxitos más contagiosos de 1972, American pie, de Don McLean. Se trataba de una parábola sobre la evolución del rock, pivotando sobre el accidente de avioneta que acabó con las vidas de Buddy Holly, Ritchie Valens y The Big Bopper, a los que McLean denominaba “el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”. La Dirección General de Cultura Popular se negó a bendecir semejante irreverencia y se llegó a una solución de compromiso: editarlo con un pitido que tapaba las palabras “ofensivas”.

Los archivos de Alcalá guardan una correspondencia alucinante donde se discutía sobre el escaso nivel de inglés de los españolitos, la dificultad de traducir el slang o la tolerancia del pacifismo como ideal. Tras la muerte de Francisco Franco, la censura perdió fuelle, aunque sus colaboradores siguieron en nómina. El elepé Zuma, de Neil Young, fue publicado íntegro, con la única modificación de disimular el título de Cortez the killer, donde se acusaba a Hernán Cortés de genocida, rebautizado como Cortez Cortez. Para entonces, los tijeretazos hasta se habían convertido en argumento de mercadotecnia: la reedición en 1976 de Rock’n'roll animal, de Lou Reed, proclamaba orgullosa que incluía el anteriormente denegado tema Heroin. cultura.elpais.

Otros artículos de interés

About the Author: cucoalmeria

1 Comentario + Add Comment

  • Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: La censura franquista tenía poder. En 1972 era capaz de obligar a los Rolling Stones a preparar una portada alternativa para el primer elepé del grupo en su propio sello, Sticky fingers (literalmente, Dedos pegajosos). La p……

Deja tu comentario

Social Media y Redes Sociales

Otras Redes Sociales

Follow Me on Pinterest

Conversaciones en Twitter

Suscribirse

Wikio

Articulos Mas Comentados

El petiso orejudo (la maldad tiene 10 años).
Comments35
La novia: victima o heroina en bodas de sangre.
Comments22
Habia una vez un circo (a mis niñoos de 35 años).
Comments19
El dolor de Los Castratis.
Comments19
Cámara Kirlian.
Comments11
Quince años sin Ayrton Senna.
Comments3
El niño que quito la sed a 500.000 africanos
Comments3
41 años atras.
Comments2
Se busca a Adolf Hitler.
Comments2

Hemeroteca